28. nov., 2015

INSPECTOR CRESPO:

Capitulo Segundo

 

 

La sede de la multinacional farmacéutica Falaurént se encuentra situada en el ciento dos del Paseo de la Castellana, en Madrid. Una gran cúpula redonda de aluminio corona el suntuoso edificio de diecisiete plantas. La compañía la preside el economista Alfonso Alberto de Ussía y Huarte, quien junto a su hermano Luís Fernando son los propietarios del total accionarial de la compañía, al igual que del Banco Español de Finanzas, el segundo en importancia en el ranking español.

El creador de este imperio económico fue el difunto don Torcuato de Ussia, marques de Fuente Palacios, un hombre emprendedor y astuto al que nunca le gustaron las medias. A nadie extrañó que a la hora de su muerte los dos únicos campos económicos en los que centró su dinero y esfuerzo, las finanzas e investigación farmacéutica, tuvieran un control estrictamente familiar.

Los hermanos Alfonso Alberto y Luis Fernando se prepararon desde la adolescencia para ayudar a su padre y, sabiamente dirigidos por su progenitor, pronto dieron muestras de su valía. Pasado un tiempo, cuando don Torcuato alcanzó los setenta y cinco años de edad, sus hijos tomaron definitivamente las riendas de los negocios familiares.

 

El biólogo Marcos Orozco se encuentra mirando a través del microscopio una muestra de sangre contaminada de SIDA, cuando suena el teléfono. María Zafaro, su colaboradora, coge el auricular.

-¿Diga?

-Buenos días, señorita Zafaro.

La mujer reconoce la voz al instante.

-Buenos días, señor presidente, ¿En qué puedo servirle?

Durante los siguientes segundos queda callada escuchando lo que su interlocutor le transmite. Finalmente contesta de manera servil.

-No se preocupe, don Alfonso, ahora mismo le paso sus instrucciones. Que tenga un buen día, señor presidente.

Cuando María cuelga el auricular Marcos ya ha dejado de lado el microscopio y su mirada muda la interroga con ansiedad. 

-Es el presidente, quiere que subas a verle.

-¡Ah, ya imagino lo que me va a preguntar!

-Y Yo sé la respuesta que le vas a dar. -Afirma María.

Marcos asiente con la cabeza.

-¿Cómo no vas a saber esa respuesta si llevamos trabajando juntos más de dos años en esta investigación?

-Te va a preguntar si hemos logrado sintetizar la vacuna contra el SIDA.

-Así es.

-Tu respuesta va a ser que estamos a punto de lograrlo. Y patentarla sólo es cuestión de un poco más de tiempo.

-¿Cómo dices, María?

-Lo que acabas de escuchar, Marcos.

-Pero María ¿Cómo voy a decir eso a don Alfonso? Tú sabes mejor que nadie el punto muerto en el que nuestra investigación se encuentra. Antes o después descubrirá la mentira. 

-Si no haces lo que te digo vete haciendo las maletas porque, de seguro, nos pone a los dos de patitas en la calle.

-De cualquiera de las maneras creo que así va a ser, amor, el descubrimiento de una vacuna contra el SIDA es una carrera a muerte entre los más importantes laboratorios farmacéuticos del mundo y lo que el presidente quiere son resultados, no falsas promesas.

-Marcos, sólo te pido un poco de tiempo, el suficiente para solucionar esta cuestión de otra manera, ya sabes a qué me refiero.

El biólogo al instante comprende lo que su colaboradora y amante pretende, no obstante apuesta por confirmar sus sospechas.

-¿Crees que don Cayetano lo ha logrado?

-Sí. –Afirma la mujer de manera categórica. -Estoy convencida de ello.

-Y si así fuese ¿Qué podemos hacer nosotros? Ya sabes que él nunca entregará a Falaurent el resultado de sus descubrimientos sobre el SIDA, a no ser que la compañía acepte sus condiciones para los países subdesarrollados.

-Ese hombre es un trabajador más de esta compañía y tiene que atenerse a las reglas que le dan. ¿En qué cabeza cabe que va a ser él quien dicte las normas? Y tú, Marcos eres un blando, más que su jefe directo pareces el subordinado. Tienes que hablarle claro y ponerlo contra las cuerdas, de manera que comparta con el resto del equipo el resultado de sus investigaciones.

-Ya lo he hecho, María, y su respuesta siempre es la misma, afirma que no ha tenido ningún progreso significativo. 

-Estoy convencida de que miente. Si Falaurent aceptase su propuesta de que la vacuna se comercialice para los países subdesarrollados como un genérico, como él quiere, de seguro que en uno o dos meses tendríamos encima de esta mesa el resultado de sus pesquisas. Es un puñetero romántico que no va a cambiar precisamente, ahora, cuando le queda pocos meses para jubilarse.

-Me alegra que veas por ti misma el callejón sin salida en el que nos encontramos y que sepas, como buena perdedora, aceptar una derrota. 

-¿Qué dices, Marcos? Todo lo contrario. Si te pido que le mientas a don Alfonso es precisamente para ganar algo de tiempo a fin de hacernos con las investigaciones de ese viejo estúpido. Te aseguro que si no nos las facilita por las buenas, lo va a hacer por las malas.

-A veces cuando te escucho hablar me das miedo, María. ¿Qué podemos hacer para conseguirlo? 

-Es preciso arrancarle su secreto por la fuerza, no veo otra solución. Aunque no quiero que con ello te sientas culpable de nada, al fin y al cabo don Cayetano y nosotros dos formamos un equipo de investigación en el que de alguna manera también tenemos una parte alícuota en el mérito de sus resultados. ¿Quién te dice que alguna de nuestras opiniones expresadas en voz alta no actuara de hilo conductor hilvanando en su cerebro la fórmula que reclamamos? No vamos a robar nada a nadie, sólo vamos a coger lo que nos pertenece. 

-Está bien María, haré lo que me dices, le diré al señor presidente que la vacuna estará lista para ser registrada y anunciada a la opinión pública en un plazo máximo de seis meses, pendiente únicamente de realizar las pruebas clínicas que confirmen su eficacia. Espero que don Alfonso se trague el anzuelo.

-Sí, Marcos, se lo tragará, no te preocupes de eso, él confía en ti.

-Es cierto, María, don Alfonso hasta el momento sólo ha tenido muestras de afecto para este departamento, pero no olvides que la mayoría de los éxitos obtenidos hasta la presente lo han sido gracias a don Cayetano. No podemos engañarnos, muy a nuestro pesar tenemos que reconocer su valía, y que gracias a su esfuerzo hemos podido sobrevivir todos estos años al presentar sus investigaciones como frutos de un trabajo colectivo. Desgraciadamente eso ya se ha acabado, ahora nos toca remar y sobrevivir usando nuestras propias fuerzas. Nosotros sabemos bien la verdad de todo.

-Marcos, tú mismo lo acabas de decir, sólo tú y yo sabemos la verdad, así que no te preocupes por el presidente y haz lo que tienes que hacer. Espero que cuando te encuentres delante de don Alfonso no te pongas nervioso y comiences a tartamudear como haces cada vez que….digamos…no dices una verdad. Piensa que es mucho el dinero que nos jugamos en esto. Sin olvidar nuestro prestigio profesional. 

-Está bien, María, voy para allá. Haré lo que pueda.

-Esa respuesta no me vale, haz lo que tienes que hacer y…punto.

-No sé en que acabará todo esto, quizás deberíamos aprovechar estos preciados segundos para recapacitar y dar marcha atrás, aún disponemos de tiempo para informar a al presidente de la compañía del punto muerto de la investigación. 

La mujer no le responde con palabras, un destello de desprecio se refleja en su mirada y le da a entender que si no la quiere perder tendrá que continuar adelante con sus planes, aunque no esté de acuerdo con ellos. Marcos es mucho lo que la ama, de manera que saca fuerzas de la flaqueza e inicia la andadura hacia el despacho de don Alfonso, no sin antes intentar transmitirle una seguridad de la que él mismo carece. 

-No te preocupes, amor, todo va a salir bien. 

Al verle marchar, contrito, María se promete a sí misma que nunca va a resignarse en la vida a ser una perdedora. No se dejó doblegar en su juventud cuando tuvo que luchar a brazo partido contra la pobreza, así que menos lo va a hacer ahora que es una profesional de reconocido prestigio y tiene la fama al alcance de la mano. Los años difíciles en los que de manera voluntaria renunció a muchas cosas, entre otras al amor, los da por buenos con tal de alcanzar la meta con la que siempre ha soñado, ser una investigadora de renombre en el mundo entero.

Acaba de cumplir treinta años y la juventud cabalga briosa por los poros de su piel. Sin embargo, a diferencia de otras chicas de su edad que son felices exhibiendo sus cuerpos en las pasarelas de moda, actuando en un teatro o, simplemente, casándose, ella cuando cierra los ojos y deja volar la imaginación se ve en la tribuna de una convención anunciando a la comunidad científica el descubrimiento de la vacuna contra el SIDA. Sus sueños no tienen nada que ver con príncipes, bailes de salón o carrozas tiradas por briosos corceles y embellecidas con guarniciones metálicas de plata y oro. Desde niña, siempre ha tenido los pies bien asentados sobre la tierra que pisa. 

 

En la última planta, la decimo séptima, se encuentra el despacho del presidente ejecutivo de Falaurent. Un concatenado de amplios ventanales acristalados, orientados al sureste, confieren a la estancia una luminosidad casi cegadora. Marcos golpea con timidez la hoja de la puerta que da acceso al despacho. Una voz neutra le manda pasar. El biólogo esconde los brazos tras su espalda e intenta dominar los nervios que le atenazan apretándose fuertemente las manos. 

-Buenos días, don Alfonso, María me dijo…..

-Si…sí, Marcos, tome asiento por favor, estoy muy interesado en conocer el estado actual en el que se encuentra la investigación de la vacuna contra el SIDA, ese es el motivo por el que le he hecho llamar, quiero que me explique de primera mano todas las vicisitudes al respecto. Como usted bien sabe esto es una carrera contrarreloj que Falaurént no está dispuesta a perder en favor de la competencia.

Antes de comenzar a hablar Marcos se lleva la mano derecha a la boca y hace un intento fallido de tosido, con el objeto de liberar a su garganta de la presión que la atenaza, aunque todo queda en dos leves carraspeos.

-Pues sí… en efecto… don Alfonso, a nadie se le escapa que estamos ante un desafío colosal que requiere de nuestros mayores esfuerzos, yo le aseguro que estamos haciendo todo lo humanamente posible para que……

-Perdone, Marcos, si no le importa vaya directamente al meollo de la cuestión, ¿En qué plazo de tiempo estará disponible la vacuna?

¡Por fin la temida pregunta! El biólogo se esfuerza en dar a su respuesta unos ribetes de optimismo, aunque comedidos, de manera que en un futuro nadie del consejo de administración, ni el propio don Pablo, puedan acusarle de engaño si las cosas no salen tal como esperan. 

-En estos momentos, señor presidente, nos encontramos en la fase de confirmación de la fórmula donde contrastamos la teoría con la práctica. Los experimentos los estamos haciendo con animales y esto hace que el proceso se ralentice. Si estas pruebas las pudiésemos realizar directamente en humanos el plazo se reduciría considerablemente. Pero esto, como usted bien sabe, en esta fase de la investigación es totalmente prohibido. 

-No ha respondido usted a mi pregunta. Se la vuelvo a hacer. ¿Cuánto tiempo precisa para ofrecerme resultados positivos en relación a la vacuna contra el SIDA?

Marcos se atrinchera de manera instintiva en sí mismo y deja escapar una mirada de soslayo a su derecha e izquierda en un afán de huida. No hay escapatoria posible. A su espalda se lo impide la madera de caoba del respaldo del sillón sobre el que está sentado. Al frente don Alfonso. Presiente que en ese momento la respuesta fraudulenta que va a dar es el menor de los males.

-Supongo que seis meses bastarán. –Asiente.

-Tres. 

-¿Sí, don Alfonso?

-Digo, Marcos, que le doy tres meses para que me presente resultados. Arréglese como pueda, ponga a trabajar a tope a su equipo, no duerma, no coma, eso es asunto suyo. Tres meses, le repito….ni un día más. En caso contrario presumo que perderemos esta batalla. 

-Como le digo, don Alfonso, si tuviéramos la posibilidad de inyectar la vacuna experimental directamente en personas no infectadas y, a posteriori, contaminarles su sangre con células malignas del SIDA podríamos comprobar con rapidez los resultados. Pero esto, desgraciadamente, la ley no lo autoriza. Éste es el único motivo que nos retrasa. 

-Ese no es mi problema, Marcos, yo soy el presidente de Falaurént y lo que los accionistas me piden son resultados económicos. En resumen que sus acciones suban como la espuma. Por el contrario es a usted, en su calidad de biólogo jefe, al que le incumbe encontrar las respuestas. Utilice los medios necesarios para alcanzar la meta y cuando regrese dentro de tres meses a este despacho no pierda el tiempo en explicarme como lo ha conseguido, lo único que quiero encima de esta mesa es la vacuna contra el SIDA lista para ser comercializada. 

-¿Entiendo, don Alfonso, que da usted su visto bueno para que hagamos las pruebas directamente en personas sanas?

El presidente de Falaurént se incomoda al darse por aludido en una trama ilegal y le hace notar a su empleado, de manera enérgica, la falta de tacto. 

-Parece idiota, Marcos, lo que le estoy diciendo es que si dentro de tres meses no me presenta resultados tangibles puede ir despidiéndose de la abultada nómina que la compañía, puntualmente, le abona por su trabajo. Y le repito, el cómo lo consiga es asunto suyo. Nada más que suyo. En cuanto a las últimas palabras pronunciadas por usted las doy por no oídas. 

-Usted sabe, don Alfonso, que la línea de investigación por la que nosotros hemos apostado en esta materia es mucho más compleja que la de nuestros competidores, ellos buscan fármacos que curen, paralicen, o al menos ralenticen el SIDA, en tanto que nosotros lo que pretendemos es ir a la raíz del problema, es decir, evitar que las personas sanas que se pongan la vacuna que estamos desarrollando se contagien.

-Soy consciente de ello, Marcos, y sé que es complejo y difícil lo que le pido, pero lo que también quiero que entienda es que para Falaurent todo esto no es más que un negocio en el que se juega mucho dinero. Montañas de euros, de manera que no se tome mis palabras como algo personal. Usted y yo sólo somos unas simples piezas en este gran engranaje económico. 

Marcos descifra las palabras de don Alfonso y se da cuenta de la situación de interinidad laboral en la que a partir de este momento queda. Piensa que todos los minutos añadidos que continúe en el despacho son una pérdida de tiempo, por lo que sin más preámbulos es el mismo quien, de manera sutil, da por finalizada la entrevista.

-Le agradezco su sinceridad, don Alfonso, y le prometo que voy a poner todo mi empeño en este asunto, de manera que si no quiere nada más de mí le ruego me disculpe, el tiempo apremia.

-Márchese, tiene mi permiso, y ojala tenga suerte en la investigación, su fortuna sería la de todas las personas que trabajamos en Falaurent.

A su regreso al laboratorio María observa en la cara de su amante que la entrevista con el presidente de la compañía ha ido mal. No hace falta que él le diga nada, basta con observar su semblante hundido y la mirada perdida, ausente del mundo que le rodea. 

Marcos sin pronunciar una sola palabra se dirige directamente a su mesa de trabajo y comienza a golpear las teclas del ordenador con dedos nerviosos. María, aunque se muere de ganas por saber lo que ha pasado, decide que no es el momento apropiado para preguntar y opta por respetar su silencio. El miedo a escuchar algo desagradable la ayuda a contener su curiosidad. 

 

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