25. sep., 2015

Texto


(Recuerdo a una crónica del reportero Avelino Lopez Diaz, cuando decía: "del cerdo me gusta hasta el andar, allá en la ruta del humo")

Y así nace y se desarrolla “La leyenda del capador” aquel personaje mítico e indispensable para las tareas domésticas, un personaje entre sinistro y necesario que cruzaba la tarde por la taberna del pueblo entre ufano y mandón a la espera de entrar en la “corte” para operar en la cirugía para que estaba preparado: Capar al gorrino, con la esperanza de que este engorde y crezca más vigoroso y luzca sus mejores carnes hacia su destino final de la matanza, el “san martín”.
Para los aldeanos suponía todo un espectáculo verlo regresar por el otoño, circulando siniestro por las aldeas y quintanas, casi siempre al atardecer con sus trastos de capar en una bolsa y una colilla entre los labios.