19. oct., 2015

Dalí; locuras de pinceladas hechas producto:

Se ha repetido y se repetirá aun muchísimas veces a propósito de Dalí, aquella frase célebre de que «la naturaleza imita a los artistas».
 
También se ha escrito bastante aquello de que pintores muertos hace siglos ya imitaban a Dalí, y que en efecto sólo en el momento de existir Dalí, tal o cual obra del pasado toma súbitamente, como por magia, una «truculenta significación Daliniana» que nadie había podido sospechar. iOh, esto o aquello, es Dalí cien por cien!
 
También se suele insistir en aquello de que «a Dalí le divierte embobar a los bobos», pero la verdad es que ya quedan en el mundo pocos bobos capaces de sospechar de plagio a Dalí cuando éste recurriendo a uno de los procedimientos de transformación poética que le han hecho célebre transformó casi imperceptiblemente una cromolitografía representando los archiconocidos tres caballos con los cuales Dalí triunfó.
 
Pero no sólo Dalí era capaz de tales sensacionales plagios, sino que también era capaz del don de los profetas, y esto se repitió también mucho en su tiempo, en el momento de corroborar que, un año antes de terminarse la última guerra mundial, Dalí había ya escrito todo cuanto iba a ocurrir, con una versión enigmática de la muerte de Hitler.
 
Para terminar: mucho se ha escrito y se escribirá sobre "rostros ocultos", ya que esos rostros están tan refinadamente encubiertos que se esconden bajo una personalidad diabólica.
 
Lo cierto es que al principio de los días nublados octubre, contemplando los ocres de la época, y a veces ocres imaginarios,  era corriente oír una voz angustiadísima que se parecía mucho a la de Salvador Dalí y que decía: ¿NO ME CONOCES?, ¿NO ME CONOCES?...  GALA !!!