24. oct., 2015

"Los santos inocentes", antes y ahora:

 

Miguel Delibes arranca la narrativa de "Los santos inocentes" tras el fin de la Guerra Civil, y después de la publicación de dos libros: La familia de Pascual Duarte, obra de Camilo José Cela, y Nada, de Carmen Laforet. La primera novela inaugura un nuevo estilo en la narrativa española, el llamado “tremendismo”, en el que se muestra sin ambages la dureza de la realidad. La novela de Carmen Laforet retrata el desmoronamiento físico y moral de parte de la sociedad española en los primeros años de la postguerra. Ambas obras pertenecen a la tendencia más importante de los años cuarenta, que sigue el vallisoletano Miguel Delibes, con su narración impregnada de una angustia muy propia de aquellos tiempos: obsesión por la infelicidad y la resignación de los miembros de las clases más bajas al aceptar su condición de inferiores, siendo considerados casi como animales.

En los santos inocentes, la única aspiración es que sus hijos estudien para abandonar la vida que llevan. Charito, su hija mayor, a la que llaman la Niña Chica, es deficiente mental y permanece siempre en una cuna. A la familia pronto se suma Azarías, hermano de Régula, al ser despedido de su trabajo en otro cortijo cercano. Azarías es un inocente con dificultad de expresión y deficiencia mental, cuya única preocupación es la cría de un pequeño Pajaro, su milana bonita.

La vida en el cortijo sigue la misma rutina de siempre, unos mandan y otros obedecen; acontecimientos familiares, cacerías y fiestas se suceden en la Casa Grande. En una de estas cacerías, el señorito Iván mata premeditadamente con su escopeta al pájaro de Azarías, lo que provoca una respuesta de parte de éste, que acaba ahorcando al señorito.

Creo que existen muchas similitudes con la actualidad, en los rasgos de lo que Delibes llama desamor: ostentación frente a miseria, prepotencia frente a sumisión, abuso frente a resignación, degradación de la naturaleza frente a arraigo en ella. No hay amor ni comunicación entre quienes mandan y sus mandados, así que esta incomunicación puede llevar a la violencia del crimen final.

Estoy convencido de que todo en la vida depende de una voluntad sana y decidida, por lo que me quedo con una frase de Miguel Delibes, que, aunque es sobre literatura, se puede aplicar absolutamente a todo:

“Para escribir un buen libro no considero imprescindible conocer París ni haber leído el Quijote. Cervantes cuando lo escribió, aún no lo había leído”