14. feb., 2016

LA MUJER QUE ECHABA LOS POLVOS:

 

Hoy es Domingo de Piñata, el primer domingo después del Miércoles de Ceniza en que finaliza el carnaval.
 
Los miércoles de ceniza siguen el rito cristiano depositando polvo del fuego de la Pascua anterior sobre los creyentes y paganos. Hay costumbres que no mueren, solo se transforman. Es el centro de la festividad, ya que pone fin a los días de jaleo del carnaval y da paso a un tiempo de reconciliación y de privación. A partir de él, comienza la Cuaresma, cuarenta días en que toca ayunar. Nunca tuve claro este ayuno..., las vigilias privándose de carne..., que carne? 
 
Las cenizas que se utilizan son las que quedan después de quemar las palmas usadas el Domingo de Ramos del año anterior. 

La imposición de la ceniza que se hace el Miércoles de Ceniza la realiza el sacerdote sobre las personas que asisten a misa, a los que le hace una cruz con la ceniza en la frente. No siempre recae este rito en el sacerdote; ejemplo es el caso que se apunta en el titular, "la mujer que echaba los polvos", en que
 era especialista una señora devota, de Abres-Asturias, que cada Miércoles de Ceniza, solía cumplir con este rito de espolvorear la ceniza en el rostro de los penitentes: "la que solía echar polvos" ,así se tituló, en un medio de amplia tirada regional en Asturias. 
 
Este titular a punto estuvo de costarle caro a un entrañable amigo, fallecido recientemente, cuando relató con pelos y señales lo acontecido esa jornada. La familia de la oficiante estaba por la labor de denunciar al osado autor del titular.
 
A veces, magnificamos algunas costumbres arraigadas en el pueblo, sin tener en cuenta que la noticia es la del niño que muerde al perro, nunca al revés.
 
Enterrada la sardina, cada cual a su manera, estos ritos de otros tiempos perviven...  Al "pluma" le sobraba ingenio para alumbrar decenas de artículos, con geniales titulares, parecidos al que le inspiró aquella señora que tenía por costumbre, eso dice la crónica, "echar polvos sobre los penitentes" y el titular, casi por obviedad, no gusto a sus descendientes. El genial periodista se ganó una reprobación porque aquello de "echar polvos" no fue del agrado de los vecinos de la aludida.
 
VA POR TI, AMIGO MÍO, ALLÁ DONDE ESTÉS!!!