23. jun., 2016

Un sin vivir en vida...

Lucha de un condenado a vivir, que deseaba morir dignamente:

Son conmovedoras las reflexiones de un ex marino mercante que surcó los cinco océanos hasta el día fatal que se cayó al mar desde unas rocas, y que empleó el resto de su vida, casi 30 años,  leyendo a Kant, a san Agustín, a Nietzsche, a Sócrates a Platón etc. Por la negativa del Tribunal Constitucional a admitir uno de sus recursos de amparo le condenaron a vivir contra su voluntad:

"El derecho de nacer parte de una verdad: el deseo de placer. El derecho de morir parte de otra verdad: el deseo de no sufrir. La razón ética pone el bien o el mal en cada uno de los actos. Un hijo concebido contra la voluntad de la mujer es un crimen. Una muerte contra la voluntad de la persona también. Pero un hijo deseado y concebido por amor es, obviamente, un bien. Una muerte deseada para liberarse de un dolor irremediable, también". Y añadía: "Ninguna libertad puede estar construida sobre una tiranía. Ninguna justicia sobre una injusticia o dolor. Ningún bien universal sobre un sufrimiento injusto".
 

Once manos amigas. Once funciones diferentes. Y ninguna de ellas delictiva en sí misma, le ayudaron a cumplir el deseo que la justicia le había negado.

 
Repartió once llaves entre sus amigos. Y a cada cuál le encomendó una tarea: uno compró el cianuro; otro lo analizó; el siguiente calculó la proporción de la mezcla; una cuarta persona lo trasladó de lugar; el quinto lo recogió; el sexto preparó el brebaje; el séptimo lo introdujo en un vaso; el octavo colocó la pajita para que Ramón, imposibilitado de cuello para abajo, pudiera beberlo; el noveno lo puso a su alcance. Una décima mano amiga recogió la carta de despedida que garabateó con la boca. Y otra, tal vez la más importante, se encargó del último deseo de aquel hombre que quería morir: grabar en vídeo el acto íntimo de su muerte.
 
En su memoria, una de sus frases y uno de sus poemas:
 
"La patria de un hombre, o de una mujer, es su propia alma"
 
"¿Volveremos a vernos?
Volveremos a encontrarnos, tal vez
cuando la materia se junte de nuevo,
en la próxima contracción del universo.

Seremos, entonces, átomos compatibles.
Porque llevamos grabada en la memoria
un mensaje irrefrenable de sentirnos poseídos y poseer.
Un mismo deseo y una misma voluntad,
que los prejuicios impidieron unirse cuando nos miramos.

Volveremos desde el principio a vivir y amar
sin prejuicios, sin pecado, sin miedo, sin pudor,
para purificarnos de todo desatino.

Volveremos, tal vez, a encontrarnos,
por la fuerza universal del amor".