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Pueblo nuestro; cariño a donde nacimos allá por los años 50 del siglo pasado:

 

Un veigueño, que visita su pueblo, una Navidad, sobre 1970, cuando aún existía el eslogan "VEGADEO, principio y fin de Asturias":
 
"Me detengo un instante en el alto de Fondón. Una niebla densa oculta Vegadeo. La ría está como una balsa de aceite. Huele a yodo y a sal.
Los primeros en saludarme fueron Antón de Severino, Toto Guerra y Pedro de Caín. 
Me apetecía zambullirme en las entrañas de mi patria chica. Estoy ansioso por estrechar las manos amigas de mis paisanos y exprimir como un limón estos días de vacaciones.
En la parada de taxis, Concha la “Francesa” me abre la puerta de su mil quinientos gris marengo. Me fumo un pitillo con ella. Y saludo a Pepe Pardo, el de los curtidos, a Maruja, su mujer, a Luís y Armando Vijande, a Prieto, el sastre, y a Eustaquio Lago, el de la relojería. 
En la marquesina del bar Asturias, don Balbino “El Pito”, siempre con su sombrero de fieltro, y Salvatierra, litigan sobre cualquier cosa. En la mesa de al lado, Servando, “Naina”, saca lustre a los botines de un viajante.
En el escaparate de su establecimiento Ignacio Salas cuelga de un alambre los últimos décimos de lotería para el sorteo de pasado mañana.
Bajo los soportales del ayuntamiento pasea Pepín de don Julio, que me pide tabaco, como a casi todo el mundo. Alejandro de la Pena, Ramón de Miou y Paco el Pinolo, los municipales, reciben instrucciones del infatigable concejal Pepe “Metro y Medio”.
En la puerta de su tienda, Ariño se fuma un puro. Me da unas palmadas cariñosas.
Esperanza, la de la panadería, está como siempre: no pasa un año por ella. “Michines”, genio y figura, hecho un trueno. Sopesa la posibilidad de abrir una zapatería a medio plazo. Su hermano Verino, ha emigrado a Australia con su mujer.
Entro en la casa del “Barrés”. Tras el mostrador, Manolo, manufactura moscas para pescar, con plumas de gallos de León, que tienen unos tonos irisados inigualables. Lía un pitillo y me pasa la petaca. Luís cose con maestría unas cinchas de esparto y tararea una canción de Lucho Gatica. Pachico y su primo Paco, el de Arturito, aparecen con sendos tirabalas y varios mirlos al cinto.
En el “Luarqués”, Ferreiro, escucha la radio y toma buena nota de los resultados de la quiniela del pasado domingo. En “Leandrín”, como casi siempre a esta hora, hay tertulia política. Braulio, el alcalde, provoca a Eladio mientras invita a pasteles a sus hijos Jorge, Luisito y Charo, que está cada día más guapa. Lidia obliga a Miguel y a “Richa” a tomarse una yema con azúcar y unas gotas de quina. Julio, el “Ovello”, vende caramelos a unos transeúntes y “Tiburia”, limpia la cafetera.
En “La Bilbaína”, templo del buen yantar, Juan Posada y Gelo del Maragato me invitan a un vino. Odón, en la barra, y Gloria en los fogones hacen las delicias de los parroquianos. Su hija Esther, es una monada de niña, gordita y sociable. Le llaman “babuyo”, que “na nosa fala” significa guisante. Se mueve entre la clientela como pez en el agua.
Paco del “Carneiro” y su hijo Moncho, que se va a Barcelona a trabajar en la SEAT, dan buena cuenta de una ración de carne asada. Y en la esquina de la barra, Chicho el de la “Manexa”, pide otra ronda y le acerca un refresco a su sobrina Belén, una morenita tímida, de ojos enormes y luminosos.
En el Fondrigo, Toni Maseda, “Marula”, Paulino y Luís de Petra juegan al fútbol “na feira dos cochos”. Manolín Vijande, aprende a andar en bicicleta junto al aserradero de su padre. Y “Nelo”, el de la Valía, le da instrucciones para que no se parta el alma contra los troncos.
La “Campoa” la emprende a pedradas con un vecino y Paco de Bruiteira trata de templar gaitas, a riesgo de recibir un cantazo. La cosa queda en tablas y la sangre no llega al río.
Susito Muralla, su primo Tino y Firme de Ferreira, juegan al bandidaje entre los tojos y los eucaliptos.
“Chuca” pesca al curricán  cerca de la escollera y “El Nenín” rema como un galeote camino del muelle nuevo, con su barcaza cargada de arena hasta los careles.
Paco el Pericato, sigue imbatible en la vuelta a Piantón. Calcuto y Pepe de Simón pescan truchas detrás de la casa de la cultura. Unos metros más abajo, Ignacín, el de la paquetería, también prueba suerte.
De casa Antuña, salen Egidio, Trallero y Santiago de la Antigua, tras degustar unos excelsos callos. Milagritos es un cielo de niña.
En el estanco de “Pepía”, compro tabaco y paso a ver a Antonio el “Chocolateiro” y a Marina. Rodi, su hijo, se viene conmigo a pasear por el “chao da Veiga” y organizar una “xuntanza” gastronómica. Cazamos media docena de gachas en las “xunqueiras” de Reme. Se las llevamos a María, de “La Sandalia”, que guisa que es un primor. Luego cruzamos al bar de Marcos, donde Santi, al piano, Camilo, percusión y Paco Vidal al acordeón, nos regalaron un generoso recital de canciones de la época. Un lujo.
En Nochevieja, al amanecer, Quique Cuervo pasea por el parque de Medal y habla solo. Nos vamos andando a Casa Longarela, en Porto, a tomar unas sopas de ajo antes de acostarnos.
La cabalgata de Reyes, un éxito. Luís el Barrés, de Melchor, monta un precioso caballo de su tío Carlos, o quizá de Ramón.
No me puedo ir sin subir al Silvela, dejar que la vista se pierda en el horizonte y meditar en silencio, antes de despedirme de este rincón entrañable.
Cuando partí, la niebla sepultaba de nuevo a Vegadeo"