La Navidad me hace recordar una frase de humor de Los Simpson: “No olvidemos que el verdadero significado de la navidad es celebrar el nacimiento de Papá Noel”

La Navidad también es parte de la timba de nuestra vida, en la que nos vienen manos con tan malas cartas que no merece la pena jugarlas, y en otras son tan buenas que casi no es necesario jugarlas; curiosamente, siempre nos retiramos sin llevarnos las ganancias.

La Navidad no es un momento ni una estación, sino un estado de la mente: Apelamos a la paz, a la generosidad y "nunca estamos solos" porque nos encomendamos al Señor confiados en que, algunas veces, suelen llover sus misericordias en el tiempo que están más secas las esperanzas.

Pienso que en un principio el Señor hizo un mundo distinto para cada persona, y que es en ese mundo, que está dentro de nosotros mismos, donde deberíamos intentar vivir.

A medida que nos van pasando los años y vamos recorriendo tramos del sendero de la vida, hacemos sinceras las humildades, honestos los propósitos y circunstanciadas y serenas hasta las vanidades. En vez de acumular todas nuestras buenas acciones para la Navidad, ojalá pudiésemos meter el espíritu de tantas y tan buenas intenciones en jarros y abrir un jarro cada mes del año, máxime aprovechando que estamos en plena cultura del envase: el contrato del matrimonio importa más que la pareja, el funeral más que el muerto, la ropa más que el cuerpo y la misa más que el Señor.

Deseo que 2016 sea el año donde compartamos paz, felicidad y prosperidad, brindemos porque nuestras ilusiones, proyectos y deseos se cumplan, e intentemos ser solidarios como si todos los días fuesen Navidad.